Samet DurgunFotógrafo
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La guerra de la mente: Los recuerdos contra la época

Diario · Del Artist Blog de Der Greif

Publicado originalmente en Der Greif, Artist Blog

Qué cuenta como recuerdo, y quién le da forma — sobre las épocas de los medios que desplazan a las pequeñas épocas personales, y por qué vale la pena conservar hasta el recuerdo más mínimo.

Hablemos de la memoria: la tuya, la mía y la que los medios nos dicen que debería ser.

En nuestra sociedad que cambia a toda velocidad: “¿Qué constituye un recuerdo, y quién le da forma?”

Cubos de carbón negro apilados en un plato blanco, en la repisa de una ventana soleada, junto a un vidrio esmerilado.
Coals for Hookah, 2020. De Come Get Your Honey.

En lo que a mí respecta, esta pregunta reflexiona sobre la influencia generalizada de la cultura occidental y de los medios omnipresentes, desde los creadores de TikTok hasta los medios de comunicación, en la formación de mi memoria.

Artistas reconocidos como Andy Warhol, de Nueva York, han quedado inmortalizados en nuestra memoria cultural, pero ¿por qué otorgamos semejante privilegio? Esto recuerda la ubicuidad de la influencia occidental en nuestra conciencia, que se extiende desde nuestra vida diaria hasta el panorama cultural más amplio. Sin importar su tamaño, los medios compiten sin descanso por nuestra atención, buscando moldear nuestra percepción y, con ella, nuestros recuerdos.

¿Cuándo empezaron las noticias presidenciales, la musiquita de Plaza Sésamo, las ofertas del Black Friday, los vestuarios de la Met Gala, Hollywood o la Navidad a representar la memoria colectiva, una especie de “normalidad predeterminada”, a ocupar espacio en nuestros diálogos y a competir con nuestros recuerdos, con nuestras conversaciones? Estas experiencias compartidas se han convertido en épocas, y restan importancia a nuestros pequeños recuerdos personales. Pero ¿no son esos momentos cotidianos, tan pasados por alto, los que forman nuestro verdadero yo?

El reto está en reconocer la belleza de nuestro día a día y aceptar que cada recuerdo, sin importar su escala, tiene un valor único. Y es válido conservar el recuerdo más mínimo y quizá no estar al tanto de cada tendencia. Debemos reconsiderar cómo valoramos y compartimos nuestros recuerdos, desplazando la mirada del reflector de la conciencia pública hacia los rincones íntimos de la experiencia personal. La atención es 💎 y nuestra capacidad es limitada.

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