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Prólogo

Prólogo · Amrou Al-Kadhi

De Come Get Your Honey (Kehrer Verlag, 2021)

Como las personas de estas fotografías, yo mismo soy una persona queer que vive en una tierra lejana a aquella en la que empecé. Criado entre varios países de Oriente Medio, hoy vivo en Londres y me identifico como gay, no binario y musulmán. Habitando identidades que son en su esencia interseccionales y que se sitúan a caballo entre varios grupos sociales, sé lo que es vivir en el entremedio. El hambre de ser aceptado, pero la lucha por no ser asimilado; el disfrute del poder de vivir en los márgenes de la sociedad, mientras se anhela al mismo tiempo la visibilidad social; venir de un entorno intolerante con mi condición queer, para luego entrar en un país que desestima mi identidad racial y mi herencia. Es, en efecto, como vivir para siempre sobre una falla tectónica, en riesgo constante de terremoto, sintiendo que vuelas en un avión que quizá nunca aterrice. La tensión es a la vez caótica y empoderadora — porque existir en una mónada liminal entre distintos espacios sociales es agotador, pero también es el lugar donde reside todo el potencial. Existe fuera de los binarismos sociales definidos, alterando poderosamente las estructuras heteronormativas, fragmentando una mirada opresora de un modo que puede liberarnos de narrativas dañinas.

La poderosa fotografía de Samet Durgun honra el potencial de ese entremedio, celebrando su carácter ilimitado de un modo que sitúa a las personas refugiadas y solicitantes de asilo queer en su propio espacio, uno al que se nos invita a observar — nunca a reclamar. Las tensiones entre visibilidad e invisibilidad son potentes en este sentido, y Durgun usa la luz para articular ese juego con un éxito espectacular. Tomemos, por ejemplo, Reflection in Museum Island (p. 75), donde las sombras de las personas se yerguen fantasmales en el agua iluminada del chorro de la fuente (los rostros de las personas en cuestión están ocultos). La imagen articula el sentimiento de muchas personas refugiadas y solicitantes de asilo queer que existen en las sombras; tanto por la marginación social como por un deseado exilio de la mirada social, ya sea por seguridad o por el deseo de encontrar la propia comunidad. En esta imagen, a quienes miramos se nos niega el acceso de la mirada — en su lugar, como escribe el propio artista sobre su fotografía, simplemente “escuchamos”.

Una favorita personal de la colección es Backyard Flourish I (p. 123), donde la actuación de la bailarina de danza del vientre es disfrutada por su comunidad — aunque su cuerpo es visible para nosotros, su cabeza queda recortada desde dentro del edificio. De nuevo, esta comunidad existe en su propio espacio, de un modo que nos resulta empoderadoramente inaccesible. Sus identidades son suyas, para ser celebradas en sus propios términos, no para ser consumidas por una mirada objetivadora. La celebración está en pleno apogeo sin nosotros — solo tenemos la suerte de habernos topado con ella, momentáneamente.

Y sin embargo, aunque hay varios ejemplos de personas que permanecen a la vista — pero fuera de la mirada —, esta colección es también una celebración del poder y la resiliencia de estas comunidades. Algunas de las imágenes más cautivadoras son aquellas en las que las personas casi consumen la luz, ocupando el espacio de la imagen, apropiándose desafiantemente del medio fotográfico. Keil Li in the Changing Room (p. 53), Elina in the Changing Room (p. 48) y Malaysian Dancer (p. 47) son algunas de las imágenes más encarnadas de la colección. Cada centímetro de luz está habitado por quienes posan — nos dicen con contundencia que sus identidades son válidas y visibles, y que pertenecen aquí tanto como cualquier otra persona. Cada una resplandece en su disidencia de género, y se niegan a ser ocultadas. Como persona de género no conforme, estas imágenes me afectaron especialmente — la suntuosa celebración de las propias identidades, en los propios términos, es un acto desafiante de resistencia. Malaysian Dancer es una celebración sin concesiones en este sentido, con la persona celebrando tanto su identidad queer como su herencia malasia — no viven en conflicto la una con la otra, sino en una magia armoniosa, creando una pieza interseccional de poesía visual.

Es la lucha entre la marginación social y la afirmación social lo que hace de esta colección una obra tan estimulante. Como espectador, nunca te encuentras en un estado definitivo — hay la sensación de que la energía se desplaza constantemente, de las sombras a la luz, de la ciudad a los suburbios, de la invisibilidad a la visibilidad, del vacío al espacio abundante. Reducir estas obras a una narrativa simple traicionaría, así, la complejidad de las identidades retratadas; identidades llenas de contradicción y conflicto, esperanza y tribulación, melancolía y alegría — y siempre desafío. Pero es esta complejidad la que está en el corazón de las experiencias interseccionales de identidad; con razón, esta colección no ofrece ningún juicio narrado sobre las vidas que representa. En su lugar, es un organismo palpable y respirante de vidas en constante devenir.

Sobre Amrou Al-Kadhi

Amrou Al-Kadhi es escritore, cineasta y artista drag británico-iraquí, conocide en el escenario como Glamrou. Sus memorias, Life as a Unicorn, se publicaron con HarperCollins y ganaron el Polari First Book Prize y un Somerset Maugham Award. Entre sus créditos de guion está la coescritura, junto a Stephen Dunn, del final de la primera temporada de Little America (Apple TV+), así como un episodio de The Watch (BBC America). Su ópera prima, Layla, se estrenó en 2024 en la sección World Cinema Dramatic Competition del Festival de Sundance. En su escritura, su cine y sus performances, su trabajo explora la identidad queer, la pertenencia y la expresión personal. Biografía completa, United Agents

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